lunes, 12 de enero de 2015

LOS QUE SIGUEN CAMINOS ESPIRITUALES

LOS QUE SIGUEN CAMINOS ESPIRITUALES
Yo creo en la gracia y por eso no entro en la desgracia de encerrarme en la opresión de los llamados caminos espirituales.
Las sectas de caminos espirituales producen dolor y sufrimiento en la gente. Desde los que prometen la liberación de todo sufrimiento y después le controlan la conciencia, la familia y el dinero a la gente, hasta los que abusan y llevan a las gentes a donarle sexo al líder tanto de ellos mismos como de sus mujeres y hijas. Sectas así han escandalizado al mundo.
Cuál es la trampa de esos sistemas. Lo más peligroso es que esos sistemas nos separan de Dios. Hay que comer esto y no aquello. Hay que no mirar para acá o para allá. Hay que decir om o ombligo para trascender, hay que rezar veinticinco mil rezos para obtener ochenta y cinco pecados. Todo esto sustituye a Dios.Dios y el hombre nacido de nuevo vive en constante comunión. Pero el que vive bajo el yugo de estos sistemas aliena a la persona redimida de esta bendición de ser salva, en que Dios está en todo y para todo, no en los ritos ni en el sistema propuesto.
El fanatismo y el legalismo propio de las sectas fudamentalistas funcionan centralizando las vidas de la gente, como si ellos fueron las sucursales del cielo en la tierra.
No es una institución la que me une a Dios. Es Jesucristo. Y a libertad me llamó Cristo.
Todo lo demás ayuda o no vivir, pero nunca a llegar al lugar donde Dios cobra por bendecir.
No hay templo donde esté Dios. El no habita en templos. El templo del Espíritu Santo es el del hombre redimido por la gracia, no por la ley, ni por el rito, ni por sistema alguno.
Los templos son necesarios y lo sagrado representado hay que respetarlo, tal y como uno no come en el suelo sino en un plato, pero el plato no es la comida. La comida es la comida. Mi comida es la comunión con el Señor. No el sistema que quiere imponerme un diezmo para salvarme, o no comer bizcocho .
Hay familias que no son malas pero funcionan como sectas. Conocí una, les llamaré los Cabanillas por ponerle algún apellido. Ese no era su apellido, pero sé que ellos me leen y no quiero que se sientan mal.
Esta familia Cabanillas o Jiménez, controlaban a todos los hijos, nietos, generaciones. La gente decía que bonita familia. Pero en su interior algunos, no todos, porque en todo lado hay esclavos condicionados y adictos al sistema, algunos dije, se sentían controlados y mal. Pero cedían, y al final la aprobación de la familia llegaba a ser más importante que todo. Pero vale la pena disfrutar de una familia a tanto alto costo de dejar de disfrutar la bendita libertad personal.
Si el dios que me dan las instituciones opresivas, me da seguridad, al precio de perder mi comunión en libertad con el Dios verdadero, que no me impone sistema alguno sino el amor, prefiero quedarme sin esa aprobación, porque es preferible obedecer a Dios antes que a los hombres.
Los mandamientos y restricciones de las sectas, como condición para alcanzar el favor de Dios, son tóxicos y esas personas, aunque sean buenas, salen no a evangelizar sino a intoxicar a más gente.

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